Política
Intenso debate

VIDEO | Una decisión histórica: el futuro del Casino y la política del "no" que vuelve a frenar el desarrollo local

La controversia generada en torno al proyecto de la gestión municipal para subastar el edificio del complejo sacó a la luz una faceta de la oposición que demuestra inflexibilidad y falta de criterio.

A casi treinta años de que el edificio del Complejo Casino pasara al patrimonio municipal, Necochea vuelve a enfrentar un debate que parecía estancado en el tiempo. Ya en los años noventa, cuando se concretaban los últimos pasos administrativos del traspaso, las advertencias periodísticas señalaban un problema que hoy se mantiene intacto: un edificio deteriorado, sin recursos para su mantenimiento y convertido en una carga para cada gestión.

En aquel entonces, las alternativas que se discutían —venta directa, concesiones prolongadas, apertura a capitales internacionales— coincidían en un punto central: la necesidad de inversión privada. Sin embargo, ninguna de esas opciones prosperó. La falta de reglas claras y de condiciones atractivas para los inversores derivó en lo que hoy resulta evidente: décadas de abandono, parálisis y oportunidades perdidas.

Tres décadas después, el escenario parece haber cambiado. El Casino dejó de ser un tema tabú y surge, por primera vez, una posibilidad concreta de revertir su decadencia. Con la aprobación del Concejo Deliberante, la Municipalidad de Necochea avanza hacia la subasta del edificio bajo un esquema institucional y transparente, con la intervención del Colegio de Martilleros, que ya inició el proceso de sorteo del profesional a cargo.

Sin embargo, la discusión volvió a tensarse cuando un sector de la oposición decidió rechazar la iniciativa. Lo que algunos describen como la “Necochea del No” reapareció con su postura habitual: sembrar dudas, advertir riesgos y bloquear cualquier proyecto que implique desarrollo, inversión o generación de empleo.

El rechazo se articula desde un heterogéneo universo libertario cuya punta de lanza está conformada por lo que algunos describen como “idiotas útiles”, funcionales a intereses que rara vez se muestran públicamente. Entre ellos se encuentra un bicicletero —según su propia definición— denunciado por robo de energía mediante un “enganche del poste”; un conocido admirador del nacional‑socialismo alemán que hasta hace poco difundía consignas antisemitas, racistas y xenófobas; una dirigente señalada como traidora por sus propios espacios; un peronista que llegó al Concejo por desgaste interno más que por respaldo político; una referente cuyo único capital es su cercanía a Jimena López; y los autodenominados “buenos vecinos” de la ACT, habituados a oponerse sistemáticamente a cualquier iniciativa del Ejecutivo.

Detrás de ellos, como directores silenciosos de esta orquesta disonante, aparecen los lobistas de siempre: los que prometieron vendetta, los que orbitan alrededor de los negociados y los bolsillos llenos. Los mismos actores de siempre, aunque con nuevos envases.

La experiencia acumulada en torno al Casino deja una conclusión difícil de soslayar: el inmovilismo tiene costos concretos, y esos costos recaen sobre el conjunto de la ciudad. La persistencia de una lógica política basada en posiciones rígidas, consignas repetidas y la negación sistemática de cualquier alternativa no se traduce en una defensa del interés público, sino en la postergación de decisiones clave para el desarrollo de Necochea.

Los concejales que sostienen este enfoque afirman actuar en defensa de la ciudad. Sin embargo, desde distintos sectores técnicos y del propio ámbito institucional advierten que ese accionar termina produciendo el efecto contrario: desalienta inversiones, profundiza la incertidumbre jurídica y frena procesos de crecimiento que podrían generar empleo y oportunidades.

La inseguridad jurídica, coinciden, es una marca que una vez instalada resulta difícil de revertir y cuyos efectos se prolongan mucho más allá de una coyuntura política determinada

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